Los labios de Marck rozaron los de Sandra en un movimiento apenas perceptible, como si un soplo de viento los hubiese juntado sin querer. Ella contuvo la respiración, sintiendo cómo su corazón golpeaba con fuerza contra su pecho. Sus ojos se entrecerraron, esperando ese beso que parecía inevitable, el que por fin haría justicia a todo lo que había quedado suspendido entre ellos.
Pero no era solo un beso. Era una tormenta contenida en un instante, un choque de almas que no deberían tocarse, y au