Capítulo 38

El silencio en la sala era abrumador. Sandra estaba sentada en un sillón de cuero, con la espalda recta, pero por dentro se sentía hecha pedazos. Haifa Shalabi no había hablado desde que cruzó la puerta. Él solo la observaba, analizándola, midiéndola. Sandra sostuvo la fotografía entre sus manos.

Sus padres, su verdadera familia. Su piel se erizó. Creció sin una sola imagen de su pasado, sin saber de dónde venía y ahora tenía esto, pero no se sentía como un regalo. Se sentía como una condena.

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