— Lo siento — dije, con el corazón acelerado por su evidente rechazo — Me dejé llevar por el alcohol, te juro que no soy así.
Él no respondió. Sentía ganas de salir corriendo, estaba tan avergonzada. Me di la vuelta para salir rápidamente de la cocina, pero me tomó de la mano, atrayéndome nuevamente hacia él. Mis manos quedaron posadas sobre su pecho. Su cuerpo, aunque no era musculoso como esos hombres de películas y comerciales, estaba firme y cálido bajo mis manos.
Su respiración comenzó a o