Alexander
El hielo dentro del paño de seda empezaba a derretirse, empapando el cuello de mi camisa de quinientos dólares, pero el dolor en la mandíbula no disminuía en absoluto. Tenía el lado izquierdo de la cara latiendo al ritmo de mis pulsaciones y la boca con un persistentemente desagradable sabor a hierro.
—Señor Miller, si me permite tomar una fotografía de la contusión para el expediente policial... —insistió por ter