Alexander
El silencio de mi penthouse se sintió como una losa pesada en cuanto crucé la puerta. Estaba exhausto, con el cuerpo molido por la tensión y el dolor pulsátil en el lado izquierdo del rostro amenazando con sacarme las lágrimas que me negaba a soltar. Me quité la chaqueta del traje y la arrojé sobre el respaldo del sofá, dispuesto a ir directo a la cocina por más hielo.
Entonces, una sombra se movió cerca de la