Zoe
El departamento olía a la pizza que Clara había pedido para intentar animar la noche, pero yo apenas había podido dar dos bocados. Sentada en el sofás de la sala, con las piernas recogidas contra el pecho, miraba las luces de la ciudad a través del ventanal. Thomas y Clara me observaban en silencio desde la barra de la cocina.
—No sé qué me pasa... —murmuré, rompiendo la tensión del aire con la voz apagada—. Fui implacab