Alexander
La vibración insistente del teléfono sobre la mesa de noche rompió el efímero estado de paz que habíamos recuperado en mi departamento. Luego de nuestro encuentro en le trabajo seguimos en mi apartamento privado. Zoe dormía plácidamente a mi lado, con el rostro sereno y una sábana rodeándole la cintura. Sin embargo, para mí, el descanso se había vuelto imposible.
Durante los últimos tres días, la historia se repetía en un buc