Alexander
La cordura terminó de saltar por los aires en el instante en que sus labios aplastaron los míos. Todo el rencor, la furia acumulada y la frialdad con la que me había blindado durante dos semanas se derritieron bajo el calor sofocante de su cuerpo. Era una tortura tenerla tan cerca, olérsela a piel y a vainilla, y saber que una sola caricia suya bastaba para arruinar todos mis escudos.
Giré mi cuerpo para arrastrarla más