Zoe
El teléfono sobre mi escritorio vibró con la insistencia de siempre. Al ver el nombre de Eleanor Miller parpadeando en la pantalla, sentí una opresión helada en el estómago. Llevaba días ignorando sus mensajes y postergando las clases de etiqueta, pero el remordimiento y la falta de excusas terminaron por acorralarme.
—Eleanor, buenas tardes... —murmuré con la voz apagada, apenas contesté.
—Zoe, querida, por fin te dignas a