Zoe
Las palabras de Christopher continuaban resonando en el fondo de mi mente como un eco distante y amargo, pero al ver a Alexander al día siguiente en la oficina, todo mi juicio racional se desmoronó. No podía rendirme. No cuando sabía que detrás de esa coraza de hielo había un hombre que me pertenecía.
El día en la sede central fue un torbellino implacable de llamadas de negocios internacionales, revisión de presupuestos