Alexander
El mundo se congeló en un instante eterno. Mi corazón dio un vuelco violento dentro del pecho cuando la figura de Zoe avanzó desde la penumbra del corredor hacia nosotros. No venía llorando ni tambaleándose; caminaba con una postura erguida, la barbilla en alto y un fuego de rabia pura ardiendo en sus ojos caramelo.
—Zoe, por favor, déjame explicarte... —balbuceé aterrado, dando un paso al frente mientras intentaba quitar