Zoe
En cuanto Alexander cerró la puerta del reservado del restaurante tras de nosotros, aislando el murmullo lejano del comedor principal, la bomba de tiempo finalmente estalló. La adrenalina de haber puesto a Zara en su lugar se evaporó de golpe, dejándome a merced de una atmósfera pesada y a punto de arder.
—¿Se puede saber qué demonios fue todo ese espectáculo, Zoe? —espetó Alexander, quitándose el saco con un tironazo tan