Zoe
Un cambio drástico había sacudido el piso ejecutivo de las Empresas Miller. Si alguien me hubiera dicho un par de meses atrás que vería a Alexander Miller —el magnate más temido, inflexible y calculador de la ciudad— tararear una canción en voz baja mientras revisaba un balance financiero, me habría echado a reír en su cara.
Pero ahí estaba la prueba concreta.
Desde la noche en el despacho, una complicidad eléctrica y se