No hubo necesidad de responder. Me envolví alrededor de él, buscando recuperar esa conexión eléctrica. Cuando volvió a entrar en mí, lo hizo con un empuje lento y deliberado que me robó el aliento.
—Ah... —solté un gemido largo, arqueando la espalda mientras sentía cómo me llenaba por completo.
Fue una invasión absoluta. Sentí cada centímetro de él expandiéndome, una presión deliciosa y abrumadora que parecía alcanzar lugares que no sabía que existían. El ritmo comenzó a subir, dejando atrás la