ZOE
La gala llevaba menos de una hora y yo ya estaba considerando seriamente esconderme en mi habitación hasta que el último invitado abandonara la mansión.
Eleanor había transformado la planta baja en algo digno de una revista. Las luces cálidas iluminaban los enormes arreglos florales, una pequeña orquesta tocaba cerca de los ventanales y los camareros se movían entre empresarios, socios y amigos de la familia con bandejas de champán.
Todo era elegante, sofisticado y perfectamente organizado.