ZOE
Descubrí que había cometido un error con mi vestido en el preciso instante en que Christopher dejó de escuchar lo que su madre le decía para mirarme bajar las escaleras.
No porque fuera demasiado atrevido. Al contrario, cuando lo compré me había parecido elegante: negro, largo, ceñido a la cintura y con la espalda descubierta hasta un punto que seguía siendo perfectamente respetable. Sin embargo, la forma en que Christopher recorrió mi cuerpo con la mirada me hizo sospechar que aquella noc