Zoe
Apenas cerré la puerta de mi apartamento con llave, me quité los tacones de golpe y los tiré al suelo. Caminé descalza hasta la cocina con la cabeza a punto de reventar. Clara estaba sentada en la barra con una taza de té, pero en cuanto me vio la cara de desquiciada, dejó la taza sobre la madera y se enderezó de un salto.
—Suéltalo ya —me exigió—. ¿Qué demonios pasó en esa gala?
Me serví un vaso de agua con las manos temblorosas, me senté frente a ella y le conté absolutamente todo sin