Zoe
El trayecto de regreso desde la gala fue el más largo y asfixiante de mi vida.
El coche de Christopher se deslizaba en silencio por la avenida principal, con la lluvia fina empañando los cristales y las luces de los rascacielos reflejándose como manchas doradas en el capó. Yo iba recostada contra el asiento del copiloto, con los brazos cruzados sobre el satén amarillo del vestido y la vista perdida en el tráfico.
Ninguno de los dos decía nada. La presencia de Christopher a mi lado era fi