Felipe dijo: —No duele…
—No duele, claro que sí —pensó Estela, casi muriéndose de pena.
Aunque Gabriela era médico, en ese momento no podía hacer mucho.
Las heridas de Felipe ya habían sido tratadas en el hospital.
Esas heridas necesitarían tiempo para sanar.
—Vamos, entra —instaba Gabriela a Estela.
Felipe aún tenía que saludar a todos afuera.
Sería mejor que descansara en su habitación.
Estela asintió, tocando a Felipe con cuidado.
Felipe se sentía impotente, pero no quería rechazarla.
Después