Rodrigo, sosteniendo a Mateo con calma, se sentó en el sofá y jugueteaba con su hijo mientras decía: —El viejo ha muerto.
La expresión de Gabriela se quedó atónita por unos segundos: —¿El viejo ha muerto?
¿Qué viejo?
—Con el apellido Lozano.
Rodrigo habló con indiferencia, sin emoción en su tono.
Pero Gabriela se sorprendió.
Se dio cuenta de quién era el viejo al que se refería Rodrigo.
—¿Murió? ¿De enfermedad? —Gabriela sabía que Ricardo Lozano estaba enfermo.
Aunque la enfermedad era grave, si