Alfredo hizo un gesto de desaprobación. —Claramente eres tú quien se siente culpable, y me llamas voyeur. Según yo, eres un gran pervertido.
—Es mi mujer y yo diré lo que quiera, ¿qué te importa? —replicó Felipe con desdén. —Esto es puro celos de tu parte, no soportas ver a otros felices.
—¿Celoso yo? —Alfredo se sentó frente a él. —En público, sin vergüenza, coqueteando, no te da pena.
Felipe lo miró fijamente durante unos segundos: —Creo que estás celoso, locamente celoso.
Alfredo hizo una exp