Al ver a Estela parada en la puerta, sus cejas fruncidas se relajaron de inmediato, seguido por una expresión de sorpresa: —¿Por qué has venido? ¿Vienes a verme? ¿No soportas que haya venido en vano, verdad?
Su alegría era indescriptible.
Estela bajó la mirada y vio la mano herida de él.
Un sentimiento de dolor pasó rápidamente por sus ojos, pero pronto lo ocultó.
Los dedos que sostenían su bolso se tensaron poco a poco.
Trató de mantener su voz tranquila: —Vine a buscarte porque quiero hablar c