Rodrigo levantó la vista, mirándola fijamente por varios segundos: —Lo sabrás en el futuro.
Gabriela frunció el ceño: —Haces todo tan misterioso, mi curiosidad ha sido despertada por ti.
—Ven aquí —Rodrigo dejó los cubiertos y se reclinó ligeramente en su asiento.
Gabriela dudó por un momento, luego se levantó, caminó alrededor de la cabeza de la mesa y se acercó a él.
Rodrigo tomó su mano.
Gabriela, llevada por el impulso, se sentó en su regazo.
Rodrigo rodeó su cintura: —¿Cuándo aprendiste el