Las acciones de Verónica fueron repentinas, y Gabriela no estaba preparada. Después de ser atrapada por ella, no pudo liberarse de inmediato, sino que Verónica la mantuvo sujeta.
Alberto se acercó y le arrancó la mano a Verónica: —¡Suéltala!
Mientras Verónica soltaba su mano, agarró el cabello de Gabriela con la otra. Estaba como loca, tratando de llevarse a Gabriela consigo al abismo.
—¡Estás loca! —gritó Alberto, que se enfadó por sus acciones. —Si quieres morir, ¡muere tú sola!
—No, ¡quiero q