Al ver a Aurora salir, Alberto corrió hacia ella, abrazándola con desesperación: —¿Te acuerdas de mí? Esa mirada que me diste hoy... pensé que había sido un error, pero no. Afortunadamente, saliste.
Aurora contestó: —La verdad es que no te recuerdo.
Como si le hubieran arrojado un balde de agua fría.
Alberto respondió incrédulo: —Puedes olvidar a cualquiera, ¡pero no a mí!
Sujetó con firmeza los hombros de Aurora, mirándola intensamente sin parpadear.
Aurora, sin apartar la mirada, replicó: —Aun