Rodrigo, después de atender algunos asuntos, regresaba a casa. Sin embargo, al pasar por el restaurante, observó esa escena.
Levantó la ventana de su coche y, con voz grave, ordenó: —Conduce.
El chofer aceleró y se alejaron rápidamente.
Al llegar a casa, su hijo Gemio corrió hacia él y lo abrazó cariñosamente, llamándolo «papá».
Rodrigo levantó al pequeño y le preguntó: —¿Me extrañaste?
Gemio asintió con entusiasmo: —Sí.
—¿Dónde me extrañaste? —preguntó Rodrigo.
Gemio se señaló el pecho: —Aquí,