"Alberto... ¿Cómo es que eres tú?"
En cuanto vio que era Alberto, se sobresaltó y después de reaccionar, le regañó, "¿Dónde has estado?"
"Hermana, diles que me suelten primero." Dijo Alberto.
Su brazo estaba a punto de ser retorcido.
Gabriela hizo un gesto con la mano y le dijo a los guardaespaldas, "¡Le conozco, suéltalo!"
Los guardaespaldas lo soltaron y salieron de la casa.
Gabriela le preguntó, "¿Qué te pasa? ¿Por qué vendiste la casa?"
Alberto dijo, "Pensé que podrías ayudarme a encontrar a