Era un sirviente de la casa, visiblemente agitado.
Gabriela frunció el ceño, se levantó y preguntó: —¿Qué sucede?
El sirviente bajó la mirada y dijo: —Hay alguien en la puerta.
—¿Alguien en la puerta? —Gabriela también estaba confundida.
—Vamos a ver —justo cuando pensaba seguir al sirviente hacia afuera, Rodrigo la detuvo.
—¡Iré yo!
Gabriela pensó por un momento y se dio cuenta de que, efectivamente, sería mejor que Rodrigo se encargara de la situación.
Asintió con la cabeza.
Rodrigo se levantó