Gladys, la recepcionista de la clínica, me llamó esa tarde. -Tienes un mensaje urgente, Andrea-, me dijo y la reenvió a mi móvil. Era de una revista de arte, "El genial", que publicaba obras no soplo de grandes artistas de todos los tiempos, sino que también se abocaba a buscar nuevos valores en todos los campos ya sea pintura, dibujos y esculturas. Tenía edición impresa y su propio portal en internet y contaba con mucha aceptación. En su tarea de descubrir talentos desconocidos o en ciernes, s