Ese martes que me tocó terapia con Marcus, sacamos a pasear a sus perros al gran parque contiguo a su casa. Ufff, qué activas eran sus mascotas. Incansables y terribles a la vez, corrían por doquiera, subían y bajaban de las bancas y correteaban a palomas y mariposas, también se perseguían en interminables carreras y no dejaban de brincar y ladrar, felices y contentos. La madre de Marcus había viajado a Londres donde tenía muchos negocios y que había desatendido por el cuidado de su hijo. En