A mediodía se abrió la improvisada galería en la clínica. Estaban los enfermeros, los médicos, los internos e invitamos al público en general. Habían dos periodistas que mi padre invitó llamándolos por el móvil. Se interesaron porque Hughes era un interno que había protagonizado numerosas portadas en sus medios escritos. Frederick estaba conmigo en la escalera y no podía ver nada, por más que se aupara y se empinara, solo apreciaba el tumulto. Yo quería que fuera una sorpresa.
Brown habló