Le serví un café humeante a Rosemary, la paciente que había perdido el habla después de ver morir a su marido atacado por un puma. Su hija me dijo que ella había estado muy pensativa en esos últimos días, sin llorar ni con la mirada hundida, sino, por el contrario, era como si intentara hilvanar ideas, recuerdos e imágenes, es lo que le parecía a su hija. Nos dejó solas mientras ella almorzaba. La chica recién había venido de la escuela cuando me encontró en la puerta esperando, preparada pa