Frederick Hughes recibió el alta un lunes por la mañana. Todo el fin de semana lo sometí a exhaustivas pruebas, medí sus reacciones, evalué su comportamiento, me cercioré en su temperamento y finalmente intenté desafiarlo. enojándolo con cosas simples como por ejemplo "malas noticias Frederick, no hay mantequilla" pues a él le encantaba untarlo en sus panes en el desayuno. Él me miró tranquilo, sosegado, sin sobresaltarse ni exasperarse, "no importa, doctora, así no más", indiferente y apa