Regalé numerosos ejemplares de mi libro en la clínica. Brown me abrazó feliz y entusiasmado. -¡¡¡Maravilloso, doctora, usted es una magnífica poetisa!!!-, me dijo él brincando como un canguro, después de recibir dos poemarios míos, debidamente autografiados, con su dedicatoria respectiva, incluso le dibujé un corazoncito muy coqueto. Yo le debía mucho a él por su apoyo en todo ese tiempo en la clínica y por ello me esmeré en dedicarle unas líneas. Brown sonrió pícaro y travieso. -Se nota que