-Wow, tú sí que estás enamorada-, me dijo extasiada Antonella. Era obvio que las llamas se habían encendido en sus entrañas y se sentía sexy y sensual. Los poemas habían motivado su máxima feminidad. Eso saltaba a la vista pues hasta sus pechos parecían globos emancipados en su blusa.
-¿Te gustan?-, yo estaba muy entusiasmada por la euforia de ella.
-Me encantan, ¿a quién le cantas?-, se interesó Antonella.
-A un hombre que me decepcionó-, le confesé.
-Vaya sí que es un tonto, fall