Habían pasado algunas semanas desde su llegada al campamento de Averina. Liam estaba decidido a enseñarle a Collin a luchar, y cada día la entrenaba con una paciencia implacable o simplemente observaba sus movimientos con ojos afilados.
Esa tarde, Collin estaba sudada, jadeante, con cada músculo de su cuerpo ardiendo por el esfuerzo. Pero Liam… él apenas parecía un poco acalorado, con esa maldita sonrisa en la comisura de los labios.
“¿Ya te cansaste?” su voz, cargada de provocación, se deslizó