La noche cayó sobre el pantano como una plaga silenciosa. El hedor a cosa muerta era asfixiante, se metía en los pulmones con cada respiración. Dentro de aquel cuarto oscuro y sofocante, Alade estaba tumbada, el cuerpo inmóvil, los ojos abiertos… pero la mente atrapada en un torbellino.
Las palabras de Colen aún ardían en su memoria. La amenaza era real. Vampiros y lupinos lado a lado, sedientos de sangre y poder. Si invadían Montaña de Oro, destruirían todo lo que sus padres habían construido.