Collin*
Cuando abrió los ojos, todo a su alrededor era frío y silencioso. El suelo helado mordía su piel y el aire olía una podredumbre antigua impregnado en las paredes. Era el olor a muerte, a abandono. Le llevó un rato entender dónde estaba. La luz débil de una sola antorcha temblaba en un rincón, proyectando sombras grotescas. La penumbra resultaba opresiva.
El estómago se le revolvió. Se puso de rodillas, llevó la mano al vientre y lo acarició con delicadeza, intentando proteger al pequeño