Una sensación de aleteo y cosquilleo lo devolvió al estado de conciencia. Estuvo a punto de abrir los ojos y averiguar qué era eso, cuando sintió que los dedos de Kary trazaban suavemente los surcos de sus músculos abdominales. Entonces se quedó quieto disfrutando de ese exquisito tacto. Sin embargo, el ligero cosquilleo que le provocaba, acabó arrancándole una sonrisa de satisfacción.
—Estás despierto—susurró Kary, sin detener el movimiento de su mano sobre él.
Emerson no tuvo más remedio que