Por instinto de su lycan interior que gruñía y arañaba su interior, exigiendo que lo dejara salir para disfrutar de su hembra como se debe, Emerson abrió las piernas de la mujer debajo de él y enterró la cara entre sus muslos. Kary jadeó y una de sus manos se cerró en torno a su cabello largo, blanco, que ahora se desparramaba hacia todos lados sin la liga que una de las lycans artesana le había regalado.
Frotó la cara por todo su sexo mientras volvía a respirar hondo. Un gruñido hambriento re