—El olor delicioso de tu excitación que llena ahora mismo toda nuestra habitación, me despertó. Gemiste mi nombre. ¿Tienes idea de lo que eso me hizo?
Habría intentado imaginarlo si sus palabras y la forma casi gruñona en que las había pronunciado no hubieran aumentado el palpitar entre sus muslos ya húmedos por la excitación.
Como si el hombre lobo percibiera su efecto en ella -cosa que probablemente así es-, Lark se volvió para mirarle descaradamente la entrepierna, con las fosas nasales enc