Otras de esas bestias salvajes acabaron con enormes heridas abiertas o miembros amputados como si no fueran más que mantequilla contra un filoso cuchillo del desayuno. Pero a medida que más de ellos se apretujaban en el pequeño espacio, Shys los agarraba a ellos y a los heridos con sus extremidades, partiéndolos por la mitad sin esfuerzo como se haría con un trozo de papel o con un pedazo de madera que se puso en agua demasiado tiempo y la madera hubiese absorbido todo el agua, haciéndolo inúti