94. Entre la pradera.
Cuando Franco cayó completamente transformado, volteó a mirar al vampiro. La criatura tenía las manos en la cabeza; bajo la luz del amanecer su piel se veía incluso más pálida, parecía una porcelana perfectamente pulida bajo la luz de la luna.
— no puede ser, eso Fue increíble — dijo, lanzando un puño en el aire — . Pero mira, tú eres enorme.
Se acercó hacia donde estaba el lobo y apoyó una mano en su costado.
— que suaves tu pelaje. Los Lobos normales que viven en la montaña Nevada… su pelaje no es tan suave —
Luego, descaradamente, puso su cara en su pecho.
— sí, eres muy suavecito y no Hueles a perro, ¿por que no Hueles a perro? —
Franco quiso contestarle, pero no podía hacerlo. El vampiro no podría entender sus pensamientos y, transformado, sus cuerdas vocales habían desaparecido.
— Sí, cierto, no puedes hablar — dijo el vampiro.
Tomó su propio bolso y lo puso descaradamente sobre el lomo de Franco.
— Lo siento, pero a ti se te hace más fácil correr con equipaje —
Pero no h