85. El miedo a ser vistos
Pude percibir que las cosas no iban a ir a nada bien. La expresión que tenía la muchacha en el rostro era descompuesta, se veía prácticamente aterrada. Y entonces Maximiliano salió corriendo hacia donde estaba.
—¿Qué pasó? —le preguntó, tomándola por los hombros.
Desde donde yo estaba podía ver cómo su barriga comenzaba a notarse; ya era prácticamente imposible ocultar un embarazo a esas alturas. Tal vez por eso Santiago estaba tan asustado aquella ves, cuando el Alfa los había confrontado.
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