85. El miedo a ser vistos
Pude percibir que las cosas no iban a ir a nada bien. La expresión que tenía la muchacha en el rostro era descompuesta, se veía prácticamente aterrada. Y entonces Maximiliano salió corriendo hacia donde estaba.
—¿Qué pasó? —le preguntó, tomándola por los hombros.
Desde donde yo estaba podía ver cómo su barriga comenzaba a notarse; ya era prácticamente imposible ocultar un embarazo a esas alturas. Tal vez por eso Santiago estaba tan asustado aquella ves, cuando el Alfa los había confrontado.
— se dieron cuenta —dijo la muchacha—. Cuando yo llegué con ellos, se dieron cuenta que mi bebé… es de… Santiago…
—¿Quién se dio cuenta? —preguntó el Alfa con su voz de mando.
La muchacha tragó saliva.
—Un anciano del Consejo. La verdad no lo tomó para nada bien. Dijo que nos va a expulsar de la manada.
Pude ver en ese instante cómo las mejillas de Maximiliano se enrojecieron. No pude evitar pensar que se veía bastante atractivo así, con el ceño apretado y las mejillas enrojecidas de rabia.
Pero to