Mis palabras resonaron en el aire cargadas de desesperación, mientras intentaba en vano disipar la tormenta que se había desatado en nuestro laboratorio. Un nudo se formó en mi pecho, amenazando con sofocarme en un mar de remordimientos.
Nicholas, en su habitual serenidad, sugirió comunicarse con los abogados para buscar soluciones legales a la situación. Su gesto de soltar a David y acercarse a mi lado me reconfortó, y su propuesta de encargarse de los trámites legales me permitió enfocarme en