Las palabras del jefe de estrategia sirio fueron como un cuchillo que atravesó el corazón de los altos mandos.
Cuando ellos mismos eran los reyes de las montañas, al igual que Hamed, se escondían en lo más profundo de aquellos áridos parajes, donde ni siquiera las imágenes por satélite podían detectarlos, enterrando municiones y suministros entre las grietas de las montañas.
Gracias a esa ventaja estratégica, las antiguas fuerzas gubernamentales siempre evitaban internarse demasiado en aquella