En ese momento, el presidente estadounidense estaba furioso. Odiaba esa sensación de blandir un bate con todas sus fuerzas y acabar golpeando el aire, cuando lo que realmente quería era ver el golpe surtir efecto.
No lograba entenderlo. ¿Por qué Bernard se atrevía a desafiar su autoridad con tanta tranquilidad, llegando incluso a pedirle que le impusiera una multa de 50 000 millones de dólares?
Era como amenazar a alguien con darle una bofetada y que, en lugar de suplicar que no lo hiciera, le