Ahora que todos sus hijos ya estaban casados, todos ellos vivían una vida pobre y desamparada.
Aunque él ya era tan viejo, todavía tenía que salir a estafar y engañar a la gente. Por un lado, era para poder mantenerse a sí mismo y a su esposa, y por otro lado, era porque esperaba poder darles a sus hijos un poco de dinero para subsidiar sus gastos diarios.
El anciano generalmente no se atrevía a desahogarse ni a contarle a nadie su triste y miserable situación, y él tenía que fingir que era un