El trayecto hasta la Residencia Violeta solo tomaba veinte minutos.
Era una propiedad tranquila y con mucha clase, el lugar perfecto para que alguien tan delicada como Celeste se recuperara. Un camino de piedras rodeaba un estanque de peces, y la decoración con rocas de jardín se veía sumamente costosa. Cerca había jardines llenos de flores; begonias en primavera, orquídeas en verano y jazmines en otoño, todas de especies raras y exclusivas.
Hasta la madera del columpio que se alcanzaba a ver a