Cuando Luna llega a casa por la tarde, está cansada, viene con todos los deberes acumulados por los días que faltó la semana anterior, pero está feliz.
Pero esa hermosa sonrisa se le borra cuando ve a Jack sentado en la sala, tiene una cara de perros que ni él se la aguanta. Se acera con cautela y se sienta a su lado, colocando una mano sobre la suya, pero Jack la aparta con brusquedad y a Luna se le sale esa versión fea.
—¿Qué te pasa? —le pregunta con seriedad, pero tratando de no ser brusca